Raphael Lemkin fue el creador de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada el 9 de diciembre de 1948. En 1951 la Convención entró en vigor, después de que la vigésima nación ratificara el tratado.
A lo largo de su vida, Raphael Lemkin recibió numerosos galardones, entre ellos la Gran Cruz cubana de la Orden de Carlos Manuel de Céspedes, en 1950, el Premio Stephen Wise del American Jewish Congress, en 1951, y la Cruz al Mérito de la República Federal de Alemania en 1955. En el 50.º aniversario de la Convención de la ONU, el doctor Lemkin también fue homenajeado por el secretario general de la ONU como «un ejemplo inspirador de compromiso moral».
La vida de Raphael Lemkin
La empresa que consagró el nombre de Raphael Lemkin, judío de origen polaco, comenzó en 1913, cuando aquel muchacho de 12 años leyó el relato de las masacres ordenadas por el emperador romano Nerón contra los conversos al cristianismo en el siglo I, recogido en el libro Quo Vadis?, escrito por el premio Nobel Henryk Sienkiewicz. Su vida estuvo marcada desde el principio por una relación íntima y muchas veces involuntaria con los crímenes cometidos contra la humanidad.
Criado en la región polaca de Białystok, Lemkin conoció esta absurda realidad ya en 1906, cuando se produjeron pogromos (el exterminio sistemático de judíos) en la zona por orden de las autoridades imperiales rusas, en unos sucesos que dejaron setenta asesinados y noventa heridos entre la población judía que allí vivía.
Durante la Primera Guerra Mundial, Raphael Lemkin, sus padres y sus hermanos se vieron obligados a refugiarse en el bosque mientras el fuego de la artillería alemana destruía la casa de la granja donde vivían. Los alemanes se apoderaron además de la cosecha, el ganado, los caballos y todos los bienes de la familia. Durante el refugio en el bosque, uno de los hermanos de Lemkin, Samuel, murió de neumonía y desnutrición, consecuencias directas de las precarias condiciones de subsistencia de la familia a causa de las acciones armadas alemanas.
El genocidio armenio

Nota del diario estadounidense «The New York Times» sobre el exterminio de armenios en 1915.
A los 21 años, mientras estudiaba lingüística en la Universidad de Leópolis, el joven académico Lemkin se topó con el titular de los periódicos sobre el asesinato de Talaat Pachá, exministro del Interior de Turquía y responsable directo de la matanza de cerca de un millón de armenios en territorio turco durante la Primera Guerra Mundial. El 14 de marzo de 1921, en el pequeño distrito berlinés de Charlottenburg, el joven armenio de 24 años Soghomon Tehlirian disparó a quemarropa en la nuca de Talaat y lo mató en el acto. Tehlirian fue rápidamente reducido y golpeado por los transeúntes.
Lemkin no lograba comprender la incoherencia de que fuera un crimen que Tehlirian matara a un hombre y, al mismo tiempo, no lo fuera que su opresor hubiera matado a más de un millón. Aunque todavía no había acuñado el término «genocidio» en aquella época, Raphael Lemkin ya se indignaba ante el hecho de que la soberanía de la que gozaba cada Estado en aquellos años pudiera emplearse impunemente para llevar a cabo la discriminación, la segregación y el asesinato de sectores enteros de su propia población.
En aquellos años Lemkin siguió también de cerca el fallido esfuerzo británico por castigar a los criminales de guerra turcos responsables de la matanza de armenios, un esfuerzo definitivamente enterrado en 1920, cuando el líder nacionalista turco Mustafá Kemal (conocido como Atatürk) detuvo a 29 soldados británicos que se encontraban en Turquía. Aquellos soldados solo serían liberados mediante un acuerdo de intercambio de prisioneros entre ambos países, en el que todos los sospechosos turcos de participar en el genocidio armenio que estaban bajo custodia británica fueron repatriados.
El juicio de Tehlirian

Soghomon Tehlirian, considerado por los armenios un héroe nacional.
El juicio de Tehlirian expuso ante el mundo los horrores cometidos por el Estado turco contra los armenios. Las pruebas y los testigos presentados por la defensa de Tehlirian derribaron la tesis turca de que a los armenios «solo se los había deportado» y no aniquilado. Al final del juicio, el armenio fue absuelto, con el argumento de que había actuado como ejecutor de la conciencia de la humanidad.
El resultado del caso habría inquietado profundamente a Lemkin, por la oportunidad perdida de crear instrumentos legales internacionales capaces de exigir responsabilidades directas tanto a las políticas de Estado como a los ejecutores de acciones de exterminio masivo. Poco después del juicio por el asesinato de Talaat, el joven Lemkin, antes convencido entusiasta del poder esclarecedor de las palabras en una sociedad, abandonó la filología (la evolución de las lenguas) y se trasladó a la facultad de Derecho de Leópolis, donde se dedicó al estudio de instrumentos de prohibición y sanción de matanzas.
El frustrado intento de Lemkin de crear la «represión universal» en la década de 1930
Fue como abogado con dominio de varias lenguas y en su función de fiscal en Polonia que, en 1933, Raphael Lemkin elaboró un proyecto de ley para presentarlo en una conferencia de Derecho Internacional en Madrid, en un contexto marcado tanto por el ascenso nazi en Alemania como por el progresivo olvido de los crímenes cometidos contra los armenios por el Estado turco. A juicio de Lemkin, la ausencia de instrumentos legales para abordar estas cuestiones servía directamente para perpetuar la posibilidad de que se cometieran nuevos crímenes de este tipo.
Para combatir esta situación de impunidad, Lemkin propuso una ley internacional que prohibiera la destrucción de naciones, razas y grupos religiosos, creando así la «represión universal», precursora de la «jurisdicción universal». Los responsables de tales actos debían ser castigados dondequiera que fuesen detenidos, con independencia del lugar, de la nacionalidad o del cargo del criminal en el momento de su detención. Raphael Lemkin creía que una amenaza real de castigo produciría un cambio en la práctica.
La ley que propuso vetaba igualmente dos prácticas asociadas a este tipo de crimen: la barbarie, definida como «la destrucción premeditada de colectividades nacionales, raciales, religiosas y sociales», y el vandalismo, entendido como la «destrucción de obras artísticas y culturales que son expresión del genio particular de esas colectividades».
La conferencia de Derecho Internacional en Madrid
Lemkin nunca llegó a participar en la conferencia de Derecho Internacional celebrada en Madrid, ya que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Polonia, siguiendo la directriz política del Estado polaco de entonces de acercamiento a la Alemania nazi, le negó el permiso de viaje. Su ponencia tuvo que leerse en voz alta en su ausencia, lo que posiblemente explique el desinterés y la falta de apoyos firmes a su propuesta.
Además, en un contexto convulso de posibles conflictos surgidos de la demarcación de fronteras en Europa y en las posesiones imperiales africanas y asiáticas, la propia Sociedad de Naciones no veía como prioridad la elaboración de una resolución conjunta en defensa de las minorías amenazadas. Por la autoría de esta propuesta, a Lemkin no solo se le acusó de intentar elevar el estatus de los judíos en las sociedades en que vivían, sino también, según el ministro polaco de Asuntos Exteriores Joseph Beck, de «insultar a nuestros amigos alemanes», en lo relativo a sus críticas al régimen nazi, entonces en ascenso en Alemania.
La invasión de Polonia al inicio de la Segunda Guerra Mundial y la huida de Lemkin
El 1 de septiembre de 1939, confirmando las previsiones del propio Raphael Lemkin, la Alemania nazi invadió Polonia. Seis días después, Lemkin emprendió una huida desesperada de Polonia, en la que no solo vio cómo la Luftwaffe (la fuerza aérea alemana) bombardeaba el tren en el que viajaba, sino que además se vio obligado a caminar durante días por los bosques polacos para tratar de protegerse de los intensos ataques aéreos alemanes.
Tras refugiarse en un pueblecito de la parte del territorio polaco ocupada entonces por las fuerzas soviéticas, Lemkin tomó un tren hasta la ciudad donde vivían sus familiares, con el objetivo, finalmente frustrado, de convencerlos de que huyeran del país. Después de lograr salir de Polonia, Raphael Lemkin fue primero a Lituania, donde residió hasta febrero de 1940, cuando obtuvo asilo del gobierno sueco.
En Suecia, Lemkin pasó a dar clases de Derecho Internacional en la Universidad de Estocolmo, donde comenzó a recopilar los decretos legales que los nazis habían dictado en cada uno de los países que ocuparon. Su objetivo en aquel momento era demostrar cómo el propio Derecho podía usarse para propagar el odio e incitar asesinatos en masa a falta de instrumentos que criminalizaran tales prácticas.
En abril de 1941, Raphael Lemkin se mudó a Estados Unidos, donde empezó a dar clases en la Universidad de Duke. En suelo estadounidense, Lemkin también se dedicó a divulgar los crímenes cometidos por los nazis en numerosas conferencias que impartió en cámaras de comercio, asociaciones de mujeres y facultades. Durante su estancia en Estados Unidos, Lemkin fue contratado además en 1942 como consultor jefe por la Junta de Guerra Económica y por la Administración de Economía Exterior en Washington y, en 1944, como especialista en Derecho Internacional por el Departamento de Guerra de Estados Unidos. Sin embargo, sus llamamientos, incluidos los dirigidos al presidente Roosevelt, no surtieron efecto.
La creación del término «genocidio»

Delegados de naciones firmantes de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Delante, desde la izquierda: Corea, Haití, Irán, Francia y Costa Rica. Detrás, desde la izquierda: subsecretario general de Asuntos Jurídicos, secretario general, el representante de Costa Rica y Raphael Lemkin, principal defensor de la convención. Foto: archivo de la ONU

Raphael Lemkin (a la derecha) con el embajador de Brasil Gilberto Amado (a la izquierda), antes de una sesión plenaria de la Asamblea General en la que se aprobó la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Palais de Chaillot, París, 11 de diciembre de 1948. Foto: archivo de la ONU
Al escuchar un discurso de Winston Churchill, primer ministro británico, que se refería al exterminio alemán en Europa como «un crimen sin nombre», Lemkin se inspiró para buscar un término nuevo que pudiera definir este tipo de crimen en aquello que le sería único y perverso: surgió entonces la palabra genocidio.
El proyecto de resolución para una convención sobre genocidio
Lemkin presentó un proyecto de resolución para una convención sobre genocidio a fin de que fuera adoptado por varios países. Con el apoyo de Estados Unidos, la resolución se sometió a la consideración de la Asamblea General. La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio fue presentada formalmente y aprobada el 9 de diciembre de 1948. En 1951 la Convención entró en vigor, después de que la vigésima nación ratificara el tratado.
Conceptualmente, cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso se consideraría delito de genocidio.
Entre los actos condenables se incluían:
- lesión grave a la integridad física o mental y asesinato de miembros de grupos;
- sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que acarreen su destrucción total o parcial;
- imposición de medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo y traslado forzoso de niños de un grupo a otro.
En términos generales, el genocidio no significa la destrucción inmediata de una nación o de un grupo étnico, racial o religioso, sino la adopción de acciones que apuntan a la destrucción de las bases esenciales de la vida de todos los miembros de dicho grupo, con vistas a su aniquilación.
El final de la vida de Raphael Lemkin

Placa en homenaje a Raphael Lemkin, en Varsovia, capital de Polonia.
Por su trabajo en el Derecho Internacional y en la prevención de crímenes de guerra, Lemkin recibió numerosos galardones, entre ellos la Gran Cruz cubana de la Orden de Carlos Manuel de Céspedes, en 1950, el Premio Stephen Wise del American Jewish Congress, en 1951, y la Cruz al Mérito de la República Federal de Alemania en 1955. En el 50.º aniversario de la Convención, el doctor Lemkin también fue homenajeado por el secretario general de la ONU como «un ejemplo inspirador de compromiso moral».
Raphael Lemkin murió de un infarto en la oficina de relaciones públicas de Milton H. Blow, en Nueva York, en 1959, con solo 59 años. Únicamente siete personas asistieron a su funeral. (A. M. Rosenthal, «A Man Called Lemkin,» New York Times, October 18, 1988, p.A31).
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Referencias Bibliográficas
- “Coining a Word and Championing a Cause: The Story of Raphael Lemkin.” United States Holocaust Memorial Museum. https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/coining-a-word-and-championing-a-cause-the-story-of-raphael-lemkin.
- “Definitions of Genocide and Related Crimes.” United Nations. https://www.un.org/en/genocide-prevention/definition.
- “Raphael Lemkin and the Genocide Convention.” Facing History & Ourselves. https://www.facinghistory.org/resource-library/raphael-lemkin-genocide-convention.











